FRESCURA

Si miro en la red la palabra frescura encuentro todo esto:

Sinónimos: familiaridad, llaneza, naturalidad, franqueza, sencillez, espontaneidad, campechanía, confianza. jeta, atrevimiento, desfachatez, descaro, rostro, morro, cara, osadía. lozanía, verdor, frondosidad, juventud, vigor, verdura, follaje, espesura.
Y de esto quiero escribir.
Me estoy haciendo vieja, ya casi nada me impresiona, me provoca, me estimula, me incita, me alborota, me reta o me excita.
Por una parte no esta mal, ya que este estado de sosiego sabiendo lo aprendido (todo lo que he podido; más de una inconfesables por ilegales y por inmorales) provoca paz y una fase de aprendizaje interior.
Pero de cuando en vez llega un estimulo exterior que sumando (tal vez) a un estado de animo apropiado provoca eso que encabeza el titulo de este texto.
Frescura.
Haciendo el bobo por la red "cae" en mis ojos un vídeo musical provoca en mi "subidon".
Me explico:
Veo a unos "niños" (para mi lo son y no es despectivo) en un vídeo musical del año 2015, (yaaaa, que voy un poco atrasadilla, estoy viejita, lo dije, ahora prefiero la música instrumental) con una estética angelical para los tiempos que corren en el mundo de la farándula y sumando la naturalidad y espontaneidad de sus sonrisas ( detalle importantisimo) hace que me estimule, hace que me transporte a esas sensaciones de tiempos atrás en que la inocencia y la energía era la ecuación exacta del descubrimiento.

Aquí va :










¿A que cuando estamos bien (para mi a esta alturas es que no me duela nada y nadie me esté fastidiando) cantamos en el coche o en la ducha?. Yo si, y como mucha intensidad.
Pero ya, no dura mucho esa sensación si sigo escuchando composiciones suyas mas recientes, y me pregunto porqué.
Es que ...
Son ellos los que pierden "frescura".
¿ O soy yo que estoy escribiendo una canción de primavera en otoño?


Canción de Otoño en Primavera (Rubén Darío)

Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro...
y a veces lloro sin querer...
Plural ha sido la celeste
historia de mi corazón.
Era una dulce niña, en este
mundo de duelo y de aflicción.
Miraba como el alba pura;
sonreía como una flor.
Era su cabellera obscura
hecha de noche y de dolor.
Yo era tímido como un niño.
Ella, naturalmente, fue,
para mi amor hecho de armiño,
Herodías y Salomé...
Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro...
y a veces lloro sin querer...
Y más consoladora y más
halagadora y expresiva,
la otra fue más sensitiva
cual no pensé encontrar jamás.
Pues a su continua ternura
una pasión violenta unía.
En un peplo de gasa pura
una bacante se envolvía...
En sus brazos tomó mi ensueño
y lo arrulló como a un bebé...
Y te mató, triste y pequeño,
falto de luz, falto de fe...
Juventud, divino tesoro,
¡te fuiste para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro...
y a veces lloro sin querer...
Otra juzgó que era mi boca
el estuche de su pasión;
y que me roería, loca,
con sus dientes el corazón.
Poniendo en un amor de exceso
la mira de su voluntad,
mientras eran abrazo y beso
síntesis de la eternidad;
y de nuestra carne ligera
imaginar siempre un Edén,
sin pensar que la Primavera
y la carne acaban también...
Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro...
y a veces lloro sin querer.
¡Y las demás! En tantos climas,
en tantas tierras siempre son,
si no pretextos de mis rimas
fantasmas de mi corazón.
En vano busqué a la princesa
que estaba triste de esperar.
La vida es dura. Amarga y pesa.
¡Ya no hay princesa que cantar!
Mas a pesar del tiempo terco,
mi sed de amor no tiene fin;
con el cabello gris, me acerco
a los rosales del jardín...

Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro...
y a veces lloro sin querer...
¡Mas es mía el Alba de oro!



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